El de la gorra

noviembre 20, 2018

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—¡Guapo! Tú, el de la gorra, ¿puedo ver tu billete?
El espacio se llenó de murmullos.
—Sí, tú, el de la gorra. Enséñame tu bonobús.
Ya a estas alturas la conductora del autobús —sí, una mujer— se había levantado de su asiento y recorría el pasillo hacia la parte trasera del vehículo, esquivando a la masa de gente que acababa de montarse en el número 79. Una multitud que doblaba lo habitual, luego de que el bus anterior se averiara y todos, los presentes y los pasados, tuvieran que hacinarse en el de las 7:50 am.
Ella, rubia y determinada, fue cambiando el inicial “¡Guapo!”, por un “¡Claro que me entiendes!”, seco y certero, a lo que un hombre robusto respondía con evasivas en un castellano nada castizo.
El beneficio de la duda estaba dado, quizás el hombre realmente no entendía qué pasaba o, con el caos del autobús dañado, pensó que se podía subirse al siguiente sin pasar su bonobús. La situación podría haber quedado ahí hasta que dijo, de manera clara y en el idioma de Cervantes: “Esto es racismo.”
La mujer, con la firmeza que la había caracterizado los últimos minutos pero sin perder los papeles, invalidó la afirmación con un simple: “No, nada de eso.” Retomando su argumento: “Esto no es gratis. No te puedes subir por la puerta de atrás y no pagar.”
Solo con su palabra logró que el hombre no se escudara detrás de su nacionalidad y, aunque protestó todo el camino, la acompañó hasta la parte delantera del autobús donde, tras una amenaza final de llamar a una patrulla, sacó un billete de 10€ con el que pagó el pasaje de 1.50€. Solo para invalidar (también) el argumento de que, quizás, no tenía dinero.
Saber el origen geográfico de la persona no era difícil, pero no es relevante para esta historia. Sin embargo, lo que sí es relevante es que esa persona validó con su comportamiento un estereotipo que tienen sus connacionales y que descubrí, gracias a él, el de la gorra, que ha sido ganado a pulso.
No, no todos son iguales. No, no todos tienen la culpa, pero necesitamos más consciencia de que cuando emigramos no nos representamos solos, representamos una bandera, a todo un país que si por alguna razón se ha ganado una mala fama no deberíamos combatirla desde el sentirnos ofendidos sino desde el ejemplo. Lo dice una colombiana en la era de “Narcos”.

Photo by Pau Casals on Unsplash

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